Erase una vez un gusano que campaba feliz por un jardín de verdes arbustos. Una mañana soleada levantó la vista y la vió. Era preciosa y parecía que hasta le sonreía. Se enamoró perdidamente de aquella hermosa flor.

El animalito sabía que el suyo era un amor imposible. El no quería seducirla ni que fuera su pareja, ni tan siquiera hablarle de amor, sólo quería darle un beso. Cada día la miraba, tan alta, tan lejos y cada noche soñaba que llegaba hasta ella y la besaba. Sólo un beso.

Tras muchas noches enteras soñando con su amada flor, el gusanito pensó que no podía seguir así, que tenía que hacer algo para que su sueño fuera una realidad, así que reunió a sus amigos los escarabajos, las hormigas y las lombrices y les comunicó que treparía por el
tallo para besar a la flor.

¡Que revuelo! todos coincidieron en que se había vuelto loco e intentaron disuadirlo de que cometiera semejante locura pero sin escucharlos el gusano llegó hasta la base del tallo y comenzó la escalada. Estuvo trepando todo el día, mañana y tarde, y cuando el sol se estaba tan exhausto que pensó "Me enrollaré en el tallo y descansaré aquí esta noche y mañana seguiré subiendo. Estoy más cerca que ayer", se dijo, pero la flor estaba a más de un metro y medio de altura, casi el fin del mundo!!, y él sólo había avanzado unos pocos centímetros.

Durante la noche, mientras el gusano dormía, su cuerpo viscoso resbaló por el tallo y a la mañana siguiente cuando amaneció se encontró con que estaba de nuevo en tierra, en el mismo lugar donde comenzó.

Entonces miró hacía arriba y pensó que tenía que esforzarse mucho más para recuperar la distancia perdida y comenzó de nuevo atrapar. Al acabar el día, totalmente rendido, llegó a la altura de una de las hojas del tallo, y decidió que aquel ángulo que formaba con el tallo sería un buen lugar para pasar aquella dormir y no ocurriría lo de la noche anterior.
Pero ocurrió, y a la mañana siguiente volvió a encontrarse al pie del tallo.

Y así, de día, el gusano trepaba y cada noche resbalaba hasta el suelo de nuevo. Aún así seguía soñando con besar a aquella bella flor. Sus amigos le rogaron que no siguiera con aquello, que desistiera, que renunciara a su sueño o que soñara otra cosa y el gusano les decía que él no podía cambiar lo que soñaba cuando dormía y que además si renunciaba a su sueño ya no sería él mismo.

Transcurrió el tiempo y el gusanito no cesaba en su intento de alcanzar su sueño.

Entonces una noche.....una noche soñó con su flor tan intensamente y deseo con tanta fuerza besarla, que el sueño le puso alas y a la mañana siguiente el gusano despertó transformado en mariposa, y desplegando sus espléndidas alas, voló hasta la flor y la besó.

Lo que el gusano llama fin del mundo

el sabio lo llama mariposa.

Richard Bach

Hace unos días asistí a un curso que Jorge Bucay dió en Donosti titulado "La felicidad posible" y contó este cuento (con estas o con otras palabras) para ilustrar que precisamente una de las claves de la felicidad es tener un sueño y hacer todo lo posible por alcanzarlo. La vida sin un sueño que perseguir tiene poco sentido, y una vida sin sentido no logrará ser feliz......

Nunca renuncies a tus sueños. Ellos son los que te dan las alas para volar y conseguir lo que deseas.